dissabte, 13 de setembre de 2008

La vida, una suma de experiencias inconexas

Gentes así, gentes de paso, yo he conocido a muchas en la vida. A todos nos ocurre. Gente que llega, levanta su tinglado junto al nuestro, iniciamos una relación donde no faltan los planes, las promesas, la presunción de un futuro común, se traban nuestros días en un único nudo de aconteceres, y luego de pronto uno de los dos desaparece para siempre arrastrado por cualquier contingencia y ahí se cierra la historia. Según pasan los años, uno comprende cada vez mejor que el grueso de la vida es una suma de experiencias inconexas y apenas esbozadas. Gente como el profesor de filosofía, y otros muchos de los que apenas recuerdo una cara, un gesto, una voz, una impresión, un nombre o una frase, que enraizaron en mí un breve tiempo y después prosiguieron su rumbo, y yo el mío, de manera que nuestros destinos, que por momentos parecía que iban a unir sus cauces y a formar uno solo, finalmente se bifurcaron para ya no encontrarse nunca.

El guitarrista
Luis Landero