diumenge, 28 de maig de 2006

Fragments d'Obabakoak

La mestre d’Obaba escriu en el seu diari: “En una ocasión leí que para ser feliz solo hacían falta dos cosas. La primera tenerse a uno mismo en gran consideración; la segunda, no tomar en cuenta la opinión que los demás puedan tener de nosotros”

“En mi caso, el pasado se reducía a unas pocas imágenes. Al mirar atrás jamás encontraba un hilo conductor o un paisaje bien construido, sino un vacío salpicado de islas, de recuerdos. Un mar de nada con algunas islas, eso era para mí el pasado”

“Sin embargo, las cosas que se olvidan no se pierden del todo. Van a parar a algún lugar, a alguna rendija de la memoria, y allí se quedan, dormidas, pero no muertas. Y, naturalmente, pueden despertarse. A veces, basta un olor para que lo hagan. Otras un gesto. A mí, en aquella ocasión, me ayudó un sombrero”.

Parlant d’una foto col·lectiva amb tots els alumnes de l’escola diu: “en aquella época todos teníamos alrededor de nueve años y todos quedamos retratados, unidos para siempre los que, como viajeros con distintos destinos, entraríamos poco después en la corriente de la vida y nos separaríamos por completo”.
Pasaron inviernos y veranos, y, como quienes toman parte en el juego de la oca, nos fuimos alejando de nuestra casilla inicial: avanzando ligeramente, unas veces, saltando de oca en oca; desviándonos, otras veces, de los paisajes luminosos, cayendo en cárceles o en infiernos. Llegó así el día en que nos levantamos de la cama y comprobamos en el espejo que ya no teníamos nueve años, sino veinte o veinticinco más; que aun siendo jóvenes, ya no éramos verdes.
Asombrados, nos pusimos a repasar afanosamente nuestra existencia ¿Cómo habíamos llegados hasta allí? ¿Cómo nos habíamos alejado tanto? Era cierto que nos sentíamos más cansados que en los tiempos de la escuela primaria; ... pero ¿qué otras cosas habían cambiado? La cuestión se presentaba complicada .....”